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lunes, 29 de abril de 2013

06 Volver a casa

Ella estaba inmersa en una relación tortuosa. Él la tenía como su preciada esclava. Ella no sabía como escapar, vivía en un país que no era el suyo; su sueldo apenas le alcanzaba para sus gastos; él pagaba la casa, la comida, el auto. Nadie pensaba que ella era una victima, con veinte años menos que él todo el mundo la veía como una trepadora. Era una colombiana de 25 años, que vio un hombre divorciado, muy carismático y dulce, creyó encontrar la pareja perfecta. Nunca pensó que él podía ser tan controlador, tan celoso, tan obsesivo. Ella muchas veces le dio la razón, él tantas otras veces la manipuló.
Comenzaron las discusiones, las peleas y el maltrato, pero él siempre la convencía para se quede. Ella cansada de tantas pesadillas decidió comprarse un boleto de ida a Colombia. Cuando él lo encontró le rogó que se quedara, que ya no habría más discusiones, le hizo mil promesas falsas y ella devolvió el pasaje para intentar seguir con la relación. Nada se cumplió y el sufrimiento fue peor que antes; sumado a que todos los vecinos pensaron que ella quiso irse con el dinero de él, además siempre la llenaba de costos regalos.
La noche cuando armo las valijas no pudo parar de llorar. Espero a que el hombre volviera de trabajar para despedirse, estaba segura que no la haría cambiar de opinión esta vez. Cuando la vio con los bolsos no fueron lágrimas lo que recorrieron sus mejillas, no sintió pena por el abandono, sintió rencor y quiso golpearla. Ella hizo lo que pudo, hasta que el dolor fue tan fuerte que ya no existía nada más. Primero golpes de puño, después patadas. Cuando él clavó el cuchillo de cocina en el pecho de la mujer, ella ya estaba inconsciente, jamás percibió que la muerte fue a buscarla, simplemente se desangró. El hombre tomó una pala y sacó toda la tierra del cantero del patio, allí puso el cuerpo de la joven, con su cartera y documentos. Se pasó la noche limpiando. Al día siguiente se deshizo de las valijas y compró flores para el cantero, unos coloridos crisantemos. Los vecinos lo vieron muy triste y comentaron que ella había regresado a Colombia, la muy malagradecida lo dejó solo.
La familia de la mujer no recibió noticias de ella, algo que los hizo preocuparse. Hicieron denuncias, pero nadie sabía nada. Él dijo que ella tomó sus cosas y se marchó una noche, antes que él volviese de trabajar; dijo que hacía meses que no tenía contacto y como nunca supo donde vivía la familia no pudo contactarlos, lloraba mientras hacía su declaración.
Quince años después el corazón del hombre dijo basta y paró de latir. Cinco años pasaron para que alguien comprara la casa, era una familia de tres, con dos gatos. Diez años más tarde los propietarios quisieron hacer arreglos, a la mujer no le gustaba el cantero, siempre le había parecido demasiado grande. Era lunes cuando un albañil saco la tierra y encontró los restos, con los documentos dentro de la cartera. Tuvieron que pasar treinta años para que la joven regresara a Colombia, sus restos fueron al mausoleo de su familia.

2 comentarios:

  1. Tragico! Un buen relato que leer para aquellas mujeres que viven en patrones de maltrato.

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