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miércoles, 5 de junio de 2013

10 Emilia ya no llora

Emilia había tenido otra pesadilla, lloraba y su cuerpo temblaba del miedo. Era una noche más de vigilia para su madre, que no se cansaba de decir que su hija se curaría de la extraña enfermedad que padecía. La pequeña se abrazó a su mamá y le contó su sueño…
Había una neblina que helada la sangre, el cielo estaba completamente nublado, no podía verse el sol. Todo parecía gris. Ella se levantaba de su cama, que desaparecía en el aire. Asustada buscaba a su familia, pero nadie la veía. La niña gritaba, hacía ruido con los muebles, golpeaba las manos, pero nadie la miraba. No existía para ellos. Trataba de empujarlos pero movían tan rápido que no llegaba a tocarlos. Se ponía frente a ellos, les hacía morisquetas pero nada servía. Salió a la calle a gritar por el vecindario, pero como respuesta escuchaba el sonido de su eco. Golpeaba puertas y ventanas, pero no contestaban. Lloraba desesperada. No existía para nadie.
La madre se estremeció al escuchar la historia. Ella existía, estaba viva y con su familia, le repetía a su hija para tranquilizarla. Le decía que todo saldría bien, que pronto se sentiría mucho mejor y que podría volver a jugar con sus amigos.
La verdad fue que Emilia empeoró. Día tras día se volvía más pálida; veía como sus anillos se le escapaban de sus delgados dedos; su cabello perdía fuerza, parecía fino como telaraña. Ya ni sus esmaltes quedaban bien en contraste con su piel, todo color aparentaba chillón. Sus muñecos le parecían más duros y pesados que antes. Comenzó a perderse en los días, algunas veces despertaba y estaba soleado, otras veces brillaba la luna. No sabía a ciencia cierta cuántos días pasaron de aquel sueño. Además ya no tenía fuerzas para levantarse de la cama. No recordaba cuándo había sido la última vez que comió algo que no fuera caldo de vegetales licuados. Todo tenía gusto a papilla, sentía el paladar asqueado con cada bocado. Los peores días eran cuando el dolor le tomaba el cuerpo, nada le sacaba la sensación de ardor y de molestia. Mil agujas eran clavadas en su cuerpo a velocidad indescriptible, eso era lo que sentía. Lloraba y chillaba de sufrimiento, sus gritos eran débiles, ahogados por la agonía de su padecimiento. Dios se ensañó con ella, pensaba con frecuencia; si no había hecho nada malo, no había razón para tanto castigo.
Las horas parecían eternas, eran largas estadías de malestar en cada centímetro de su ser. Tenía los brazos conectados a suero, para mantenerla viva y sedada, pero nada calmaba su enfermedad. Tenía al mismo infierno dentro de ella, carcomiendo cada pequeña célula, matando uno por uno sus intentos de supervivencia. Sus ojos estaban llenos de lágrimas todo el tiempo, cada vez que intentaba mirar hacía algún lado todo se nublaba, no veía más que sombras a su alrededor. Como le temía a la oscuridad siempre había una luz en la habitación. Alguna vez creyó escuchar a su hermana, creyó ver a sus padres, pero estaba tan consumida por la dolencia que no podía asegurar nada de lo que pasaba a lo largo del tiempo.
Un día despertó, pudo ver la luz del sol entrando a través de las cortinas. Se sentó en la cama, no sentía mareos, ni dolor alguno. Todos los objetos que antes estaban en la habitación habían sido removidos, lo único que quedaba era la cama y fotos familiares colgando en las paredes rosadas. Se sorprendió de poder ponerse de pie, salió del cuarto pero no había nadie en la casa. Se asustó por el hecho de estar sola, trató de convencerse de que estaba soñando, que era de nuevo una pesadilla, que debía despertar. Y debía despertar para seguir sufriendo hasta morir. Pero no podía salir del sueño, así que pensó que quizá tenía que cumplirse el ciclo de la pesadilla para poder despertar. Vio a su hermana entrar, tomar un paquete e irse de nuevo, ella decidió seguirla, si iba a pie no podía ir muy lejos. En la calle, los pájaros cantaban en los árboles y una brisa de primavera se sentía en el aire, era totalmente diferente del sueño anterior. Vio a su madre llorando desconsolada, abrazada a su padre. La niña quiso consolarlos pero se dio cuenta que nadie la veía, se sintió triste por no poder hacer nada. Entró en un lugar grande, donde estaban muchas personas que conocía, todos con cara de pena. Sus abuelos, tíos, primos, sus amigos y compañeros de colegio, pero ninguno se volteaba a verla o se percataba de que ella estaba ahí con ellos. En el centro de la habitación un cajón blanco lleno de globos y flores descansaba abierto para que todos puedan verlo. Escuchó decir que había pasado los mejor que podía pasar, que la tragedia había terminado. Oyó decir que Emilia ahora estaría en un mejor sitio, que no iba a sentir más dolor. Se vio estupefacta a la cara, tenía un hermoso vestido lila, unos zapatos haciendo juego y una corona de flores en la cabeza. Se estaba viendo en su ataúd, estaba mirándose muerta. Entendió que eso no era un sueño, que estaba ahí para despedirse de todos. Miró a cada persona, todos estaban ahí porque querían lo mejor para ella y eso no estaba en la tierra de los vivos, en ese mundo que le dio tanto sufrimiento. Emilia no lloró, ella sonrió relajada, a donde iba no sentiría pena alguna.

10 comentarios:

  1. Gracias Flavia por esta historia, es triste pero enseña la delgada linea entre estar vivo y estar viviendo; hay que aprovechar cada instante.

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    1. Gracias a vos por leer y comentar David. Es verdad, hay disfrutar de la vida lo más q se pueda! Saludos!

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  2. Me impresiona y mucho la forma, tan en detalle y acertada en que describes la enfermedad....impresionante y cierta, un saludo Flavia

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    1. Muchas gracias por los elogios, espero q sigas leyendo y comentando. Saludos!

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  3. El mejor final para lo que todos tememos. Enhorabuena por la calidez con la que escribes. Saludos.

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  4. Empecé a leer e imaginé que Emilia vivía algo similar a lo sufrido por Chihiro, cuando llega a ese otro mundo de ensueño. Pero tu personaje se borra en definitiva, sin otro chance que ir a morar más allá. Hermosa y detallada de descripción del proceso. Me pongo en la piel de Emilia y pienso en el momento de verme cara a cara con la muerte.

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    1. Muchas gracias por el comentario y por seguirme! En estos días no puedo actualizar mi blog porque se rompió mi computadora, donde tengo mis historias, pero ni bien la tengo actualizaré la página. Gracias María Eugenia!

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  5. Felicitaciones por el premio que te otorgó Guillermo Sánchez. Ahora te sigo. Saludos

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  6. Enhorabuena, te hemos concedido el premio “ONE LOVELY BLOG AWARD”, esta vez me vais a ayudar a preparar un ramo de rosas para mi mamá, a la vez que jugamos al escondite para buscar los premiados. Empezamos, te dejo el enlace, para que comiences a jugar. Gracias por ayudarme, mucha suerte y que gane el mejor. Besitos babosos.
    http://anticrisis2013.blogspot.com.es/2013/06/premio-entre-flores.html

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