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lunes, 30 de septiembre de 2013

14 Espejos tramposos

Cuando nuestras manos se tocaron sentimos electricidad, como si el hechizo que alguna vez tuvimos hubiera desaparecido en ese segundo mismo. Y mire la expresión en su rostro, esos gestos que se volvieron tan cotidianos para mí; su cara ya me era conocida, inspeccioné cada milímetro de su piel durante todos esos días frente al espejo. Antes solo era una figura plana en cada reflejo, ahora era un ser humano frente a mí. En qué locura tan grande estábamos metidos que conocía toda su persona, menos su voz y sus ruidos.
La primera vez que lo vi fue una mañana cualquiera. Como todos los días me levanté y fui al baño. Creí que era un sueño. Volví a la cama, me acosté, cerré los ojos, volví a levantarme. ¿Quién robo mi imagen? Debía ser un sueño, pero no lo era; parecía un cuento de esos que escribe la gente. Frente al espejo estaba allí el reflejo de otro. Un chico alto, de cabello castaño y ojos color miel. Pero no era yo, si soy mujer. Traté de buscar mi reflejo en otros objetos, pero allí donde mirara estaba él, haciendo cada gesto y movimiento que yo hacía. ¿Quién es la bruja que hizo esto conmigo? Yo no tenía enemigos, eso creía (aún lo creo). Uno no puede llevarse bien con todo el mundo, pero tampoco anda sembrando enemistad por ahí. Debía existir una solución para eso, no iba a ser fácil, pero cuando tu reflejo no es el tuyo no puedes quedarte así sin hacer nada.
Era la prueba de fuego. Si no funcionaba todo se haría mucho más difícil. Tomé la cámara y me saqué una foto, allí estaba yo, algo despeinada (claro, si no podía verme). Respiré profundamente, me acerqué al espejo, allí estaba el muchacho, con temor giré la cámara hacía él y saqué otra foto, sin ver, estaba demasiado nerviosa. ¡Pasamos la prueba! Era una perfecta fotografía del chico. Gracias al cielo había funcionado. Ahora todo lo que me quedaba por hacer era subir esa imagen a las redes sociales y esperar que alguien lo reconociera, o el mismo, tal vez. Rogué a todos los dioses de todas las religiones para que la foto diera la vuelta al mundo. Tenía la locura suficiente como para ir a cualquier lugar del globo con tal de encontrarlo.


Los días pasaban y las veces que apreté el botón F5 para actualizar la pantalla de mi PC fueron tantas que superaron las que podría haber hecho hasta ese momento de mi vida. Hubo gente que respondió mis publicaciones con asuntos que nada tenían que ver, algunos decían conocerlo y mentían, muchos otros me ayudaron en la búsqueda compartiendo y viralizando la imagen de mi reflejo cambiado.
Le pensé mil nombres, mil ocupaciones, una familia e imaginé muchos encuentros posibles. Creé tantas historias entorno a mi reflejo. Hasta conocí todos sus atuendos de invierno; le dije que la mejor combinación que hacía era su camisa negra con su sweater a rombos, lo hacía ver algo formal, pero no demasiado. Él tardó tres eternos meses en pasar de ser “mi reflejo defectuoso” a convertirse en Tomás. Cuando habían pasado 90 días vi su comentario en una de las redes sociales en las que había puesto su foto. “Yo también te estoy buscando!!!!”, así con muchos signos al final y ninguno en el principio.
No tuve que tomar un avión, ni pasar horas viajando para verlo, apenas 40 minutos en tren. ¿Cómo pude tardar tres meses en hallar algo que estaba tan cerca? Vueltas de la vida, supuse. Él también debió viajar. Decidimos un punto de encuentro cómodo para los dos y público (la seguridad personal no debe ponerse por debajo de ningún conjuro de pérdida de reflejo). Lo hubiera reconocido a kilómetros de distancia, vi su cara más veces que la mía en los últimos meses. Él también me reconoció en un instante y sonrió, la risa de Tomás que ya había visto en mi espejo. Nos saludamos y estábamos tan nerviosos que no sabíamos muy bien qué hacer. Yo propuse el apretón de manos, para intentar algo.
A veces el destino de la gente se cruza de maneras extrañas y otras veces se cruzan los reflejos.

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