Si vas a utilizar el texto, en forma total o parcial, o alguna de las imágenes por favor nombrá como fuente este blog. ¡Muchas Gracias!

sábado, 19 de julio de 2014

38 Una noche más

El día había empezado mal, una urgencia me despertó antes de mi horario habitual. Desde ese momento supe que sería una larga jornada. No pude dormir en todo el día y cuando debí hacer la ronda nocturna estaba extenuado. Mientras hacía mi recorrido sentía mi cuerpo cada vez más pesado, el cansancio le pasaba factura a mi mente, mis ojos querían cerrarse a toda costa y mi boca no paraba de echar bostezos.
La noche estaba clara. El cielo despejado dejaba que la luna llena cubriera todo con su luz. Los tenues rayos pasaban a través de los enormes ventanales; por eso decidí no usar mi linterna, habría sido un gasto innecesario de las baterías. Hice el mismo camino de siempre, no encontré ni un alma en los amplios pasillos del edificio. Los techos altos reproducían el eco de mis pasos. La estructura, que databa de 1940, apenas tenía unas cuantas habitaciones pequeñas, la mayoría eran cuartos amplísimos, donde podrían caber cientos de personas. Todo iba como lo esperado, nada inusual, solo unas cuantas polillas, por la plaga. Tomé la decisión de irme a la enfermería, donde estaba la camilla, que podría usar fácilmente como cama; no sería tan cómodo pero era ideal para descansar unas horas.
Cuando llegué al cuarto cerré las pesadas cortinas, para que la claridad de la luna no me molestara en mi sueño. Me tumbé, caí desplomado sobre el viejo catre y lo escuché crujir un poco. No tardé mucho en dormirme, profundamente. Escuché la puerta abrirse abruptamente, el sonido de los pasos de cientos de personas comenzaron a inundar la habitación. Los oía murmurar, mover muebles, caminar. Abrí los ojos pero no había nadie. Descubrí que las cortinas estaban abiertas. Los sonidos no paraban, pero no se veía a nadie. Cuando quise pararme comprobé que mis brazos y mis piernas no me respondían, ni siquiera podía mover mi cabeza. Era como si mi cuerpo no estuviese allí. Me sentí desconcertado, desesperado por no saber qué hacer. Por más que mirará hacía cualquier lado no se veía cambio alguno en el cuarto, pero los ruidos continuaban. Estaba preso del miedo y cientos de seres invisibles se movían a mí alrededor.
El sudor frío comenzó a recorrer mi cuerpo, hasta mi alma estaba temblando. Quise cerrar mis ojos, pero el intento fue inútil, no podía hacerlo. Lloré de pánico. Algo pesado estaba sobre mí y yo no podía hacer nada más que llorar. Mientras que los espeluznantes sonidos seguían ahí, haciéndose cada vez más fuertes. Grité lo más alto que pude. No escuché mi grito. Lo hice de nuevo; grité de terror e impotencia hasta que me quedé sin voz. Lloré hasta que me quedé sin lágrimas. La angustia me llenó el pecho y me oprimió el corazón. Ya no tenía esperanzas. Todo mi ser se aflojó, como si flotara en gravedad cero. Pude cerrar los ojos y suspiré. Ya nada me pesaba. Los ruidos se volvieron un susurro y desaparecieron. Sentí el impulso de tomar una bocanada de aire. Abrí los ojos y me levanté de un salto. Silencio absoluto. Las cortinas cerradas. Tomé mi linterna, iluminé la habitación, nada se había movido de su lugar. Abrí completamente las ventanas. La luz y el aire entraron. El rostro se me enfrió por el viento de la noche.

2 comentarios: