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martes, 9 de diciembre de 2014

47 Tu canción favorita

Venís con la misma sensación todos los días. No te gusta la ropa que tenés en el placard. No le sentís gusto a la comida. Nada de lo que dicen te convence del todo. Es esa sensación de no pertenecer al mundo.
Una vez más te levantás de la cama. Te preparás para salir a trabajar. Te ponés los zapatos, agarrás las llaves. En el ascensor te calzás los auriculares y elegís la lista con tus canciones favoritas. Pensás que todo lo malo algún día desaparece, que nada dura por siempre. Empezás a caminar esas diez cuadras que te separan del trabajo. Te hundís en la música que entra por tus oídos. Nada del mundo te importa más. La ciudad se mueve a tu alrededor, pero vos no lo registrás. Los ladridos de los perros, el ruído de la construcción, los bocinazos, los gritos de la gente. El caos no te llega. El tapón en tus orejas lo impide. Te vas sintiendo cada vez mejor. Esa melodía te inunda. Te revalza la sensación de estar volando. Flotando sobre todo eso que te hace mal. Sentís el ritmo en tu piel, en cada célula de tu cuerpo. Cruzás la última calle que te separa de ese trabajo que odiás. Cerrás los ojos al sentir la mejor parte de tu canción favorita.


Nunca lo viste venir. El golpe fue potente. Tu cabeza cayó justo en el borde del cordón de la vereda. En ese instante dejaste de escuchar la música; aunque no paró de sonar. Tus ojos quedaron mirando al cielo; pero ya no veían nada. Vos ya no estás en este plano. Tu mente y tu cuerpo se separaron para siempre. Ahora en este mundo sos un muerto más.

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