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martes, 5 de mayo de 2015

56 Los fantasmas fantasiosos


Un día nació una niña que podía ver espectros. De chica los miraba intrigada y muchas veces los perseguía. No sabía muy bien qué eran. Cuando creció escuchó muchas historias de fantasmas y se asustó. Comenzó a creer que era eso lo que veía. Le dio mucho miedo. ¡Los espíritus la seguían! ¡Los muertos! A veces creía ver a alguien conocido. Se desesperaba y lo buscaba enseguida, para asegurarse de que estaba con vida. Jamás confirmó una muerte. Siguió creciendo y empezó a ignorar las siluetas que veía. Sabía que estaban ahí. Las sentía. Las miraba por el rabillo del ojo. Pero hacía de cuenta que no existían. Pasó así mucho tiempo. Hasta que un día abrió los ojos de verdad. Cuando hizo eso se percató que no eran espíritus del más allá. No la perseguían. Eso que veía eran los deseos de la gente. Si alguien estaba ocupado, pero quería era dormir, ella veía una silueta en su cama. Si alguien deseaba salir a dar un paseo, pero algo se lo impedía, ella se topaba con alguna sombra. La chica podía ver a simple vista todo eso que los simples mortales deseaban hacer. No eran fantasmas, eran fantasías.

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