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lunes, 16 de noviembre de 2015

58 Andrea

Sintió un golpe en la cabeza. Mucho dolor. Sus piernas fallaron y cayó inerte al piso. Angustiada escuchó las voces de su familia gritando desesperados ¡Andrea! Repetían su nombre una y otra vez. Todo se volvió oscuridad y poco a poco los sonidos se apagaron.
Hacía mucho frío esa mañana. Era su día libre, Andrea no quería levantarse de la cama, pero finalmente lo hizo. Fue al baño, se lavó la cara. Desayunó en familia. Jugó con sus perros. Se sentía tan bien. El sol brillaba afuera. En el almuerzo hablaron de política, le parecía tan aburrido eso.
Mientras regaba sus plantas se dio cuenta del calor sofocante. El clima estaba raro. Creyó haber visto llover, pero ahora todo estaba seco. Los días pasaban y el tiempo era tan relativo. Sus horas de trabajo parecían tan breves, pero cuando jugaba con sus perros el tiempo parecía no pasar. Se sentía algo extraña por esto.
Un día, Andrea se encontró con una amiga en un bar. Hacía ya mucho tiempo que no se veían. La chica le contó sobre un sueño extraño con unos flamencos, Andrea no recordaba el último sueño que había tenido. Tampoco se recordaba de la última noche. Su novio le propuso tomarse un descanso. Aceptó la propuesta.


Al pisar la arena, le pareció extraña cuando se le metía entre los dedos. Era raro el frío del agua del mar en las manos. Cómo le pegaban los rayos del sol en la frente. El brillo fue tan fuerte que cerró los ojos. Hacía demasiado calor. Diego le contó su último sueño, donde manejaba un tractor y luego vieja motocicleta. Ella recordó que no sabía por qué no podía soñar. Estaba algo cansada así que decidió acostarse, además disfrutaba dormir abrazada a su novio. “Sé que te vas a despertar algún día” ¿Por qué Diego había dicho eso? El cuerpo comenzó a dolerle y sintió un leve cosquilleo en las manos. Alguien besó su mejilla. “Te amo”, dijo Diego y una gota fría cayó sobre el mentón de ella.
Abrió los ojos pero se encandiló con el brillo de una luz y frunció el ceño. “¡se despertó! ¡Andrea se despertó!” Se escuchó el grito de Diego. Ella parpadeó hasta que por fin pudo ver algo. Sus padres estaban al pie de la cama. Su novio le sostenía la mano derecha. Tenía suero, estaba llena de cables y tubos. No pudo contener las lágrimas que le inundaron la cara.

2 comentarios:

  1. Hola Flavia, me identifico con tu relato, muy bien narrado el sentimiento de confusión que tiene la protagonista, yo elegí canalizar con un cuento de realismo mágico para plasmar mi accidente... Muy buena la elipsis de tiempo, un gran saludo,
    Graciela

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    1. Muchas gracias Graciela, lo escribí justamente pensando la confusión de vivir en un sueño, como la protagonista intuye que algo está mal, pero no se da cuenta.
      Saludos!

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